Imago lacus

The picture above was taken by a dear friend, the American poet Debra Kang Dean (please do not use it without permission). I met Debra three years before, when I went to Walden to work with his late husband Brad, a great Thoreau scholar. Once we spent hours tracking this quotation: "Some men go fishing all their lives without ever realizing it's not fish they are after." We concluded that Thoreau never wrote it, but si non è vero...

Sunday, January 9, 2011

It's a Wonderful Life


Familiako tradizioekin kunplitzeaz eta mendira igotzeaz gain (haurrekin Adarramendira igo ginen, bigarren saiakeran), beste Eguberriko errituala bat egin berri dugu. Frank Capraren filma famatua ikustea, alegia, James Stewart protagonista duena. Bitxia da gero. Hasieran gixajoari munduak hamaika putada egin ostean, gixajoak berak kristoren kaxketa eragiten du, mozkortu, egindakoaz damutu, eta amaieran emazteak dena konpontzen du. Bizitza bera.

Baina kapela eramaten daki morroiak, dudarik gabe. Aspaldi itzulitako poema batekin akordatu naiz.

LA MUERTE DEL SOMBRERO

Antiguamente todo hombre llevaba un sombrero.


En los No-Dos cenicientos,

las avenidas de cada ciudad

son anchos ríos de sombreros.


Los estadios rebosaban
con miles de sombreros de paja

con sus alas y sus bandas,

y filas de hombres fumando

y aclamando en mangas de camisa.


Los sombreros eran la norma.

Se daban por supuesto.

Un hombre sin sombrero destacaba entre la multitud.


Los comprabas en Adams o en Dobbs,

donde bordaban tus iniciales
con hilo dorado
en la banda interior.

Los tranvías zigzagueaban por la ciudad.

Los barcos de vapor entraban y salían de la bahía.
Hombres de sombrero se reunían en los muelles.


Había una persona para dar forma a tu sombrero

y una chica en el ropero para guardarlo

mientras tomabas una copa

o comías un filete con guisantes y una patata.
En tu oficina había un perchero para colgarlo.


El día que se declaró la guerra

en la calle todo el mundo llevaba un sombrero.

Y llevaban sombrero también
los hombres
cuyo barco se hundió en el mar helado.


Mi padre llevaba uno al trabajo todos los días

y regresaba a casa
con el periódico de la tarde

y un abrigo que irradiaba el frío invernal.


Pero hoy vamos con la cabeza descubierta

por las calles en invierno,
permanecemos sin sombrero en los andenes helados.


Hoy los buzones junto a la carretera

y las piceas detrás de la casa

llevan fríos sombreros blancos de nieve.

De noche los ratones se escurren por los muros de piedra

con sus finos sombreros de piel
para recoger las semillas caídas del comedero de pájaros.


Y ahora mi padre, tras una vida de trabajo,

lleva un sombrero de tierra,
y encima de él,
otro más leve de nube y cielo: un sombrero de viento.

Billy CollinsPicnic, Lightning (University of Pittsburgh Press, 1998). Trad. ACdR

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