Imago lacus

The picture above was taken by a dear friend, the American poet Debra Kang Dean (please do not use it without permission). I met Debra three years before, when I went to Walden to work with his late husband Brad, a great Thoreau scholar. Once we spent hours tracking this quotation: "Some men go fishing all their lives without ever realizing it's not fish they are after." We concluded that Thoreau never wrote it, but si non è vero...

Sunday, January 23, 2011

Lo mejor del blog...

...no es mío, comenzando por la foto de la laguna. La hizo la escritora Debra Kang Dean en los bosques de Walden, Massachussetts, hace 9 años. Otro día contaré cómo nos conocimos; hoy quiero darle las gracias por la imagen y rescatar una entrevista sobre el haiku y el renku que le hice tras la publicación de su último libro de poemas, Precipitates (2003). Copio aquí la traducción al castellano, que apareció como “Entrevista con Debra Kang Dean”, en biTARTE 38 (2006), pp. 79-82.

Esan gabe doa blog honek daukan onena arrantza egiten ari den lagunaren argazkia dela. Debra Kang Dean idazleak egin zuen Walden-eko basoan (Massachussetts), orain dela 9 urte. Beste batean kontatuko dut nola ezagutu genuen elkar; gaur, irudiagatik nire esker ona adierazteaz gain, haikuaz eta renkuaz berarekin eginiko elkarrizketa berreskuratu nahi dut. Euskarazko bertsioa argitaratu genuen hemen, Volgako Batelarien kortesiaz.

—Eres una escritora norteamericana de origen hawaiano y japonés. ¿Qué relación mantienes con la poesía japonesa?

—Bashō es muy importante para mí, tanto por el profundo carácter espiritual de su obra como por su finalidad estética de elevar, mediante la precisión en el lenguaje, tanto el lenguaje ordinario como la experiencia cotidiana hasta alcanzar algo que podríamos llamar el ámbito poético. Como escritores, Bashō nos recuerda que no sólo tenemos que aprender nuestro oficio, que mediante la disciplina de la poesía no sólo se hacen poemas, sino el propio yo que los escribe. Si sólo nos aplicamos en ese oficio, si por así decirlo sólo nos dedicamos a la labor de las manos, relegamos la mente o el corazón, el verdadero manantial de la poesía.

—En tu último libro de poemas, Precipitates, haces uso de ciertas técnicas del renku. ¿Por qué?

—Comencé la pieza que estructura todo el libro, Patchwork of Selvage, con un experimento en enero de 1999. Quería explorar nuevos territorios; en lugar de escribir la clase de poemas autobiográficos sobre la infancia que caracterizaban mi primer libro, prefería moverme en el presente, y una de las primeras decisiones que tomé fue no utilizar la primera persona del singular. El renku me pareció un vehículo natural para este experimento.

Patchwork of Selvage está más influido por el espíritu que por la letra del renku, que es una forma gobernada por reglas muy estrictas, aunque yo sí empleé la métrica tradicional para componer mis versos, algo que no suelen hacer, y con razón, los poetas que se dedican hoy en día a escribir renku en inglés. En tanto que un diario en verso, mi poema sigue el ciclo de las estaciones, algo que el renku hace también, pero de un modo más estilizado. El secreto en la composición de un renku, tal como yo lo entiendo, reside en la propia habilidad para componer estrofas que aludan a la estrofa anterior mediante la evocación de una escena o imagen, y que al mismo tiempo salten hacia una escena o imagen distinta al unirlas con la estrofa siguiente; el objetivo, pues, no consiste en escribir estrofas brillantes, sino en su relación mutua. Esta técnica no promueve desarrollos narrativos, sino una forma peculiar de “desplegarse” propia del renku que es muy evidente en Patchwork of Selvage.

—¿Y qué hay de las posibilidades que ofrece el haiku? ¿Tienes alguno favorito?

—Durante mucho tiempo he sido bastante escéptica acerca de las posibilidades que ofrece el haiku en inglés, debido a las diferencias culturales y lingüísticas. En cuanto a dimensiones, América es un país joven a la vez que geográficamente extenso. Puedo pensar en muy pocos lugares históricos o literarios que hayan cambiado poco con el tiempo y puedan encontrar eco en un auditorio amplio —de entrada, sólo se me ocurre la laguna de Walden— y tampoco tenemos un vocabulario estacional bien desarrollado. Sin un vocabulario sobre las estaciones del año que tomar como base, la alternativa es desarrollar una gran sensibilidad hacia el mundo natural, y en tanto que soy víctima o producto de numerosos cambios de domicilio, debo confesar que me falta ese conocimiento del medio natural necesario para escribir un buen haiku. Pero el esfuerzo al intentarlo me ha hecho cambiar y aprender.

Uno de mis haiku favoritos es el que incluí como epígrafe de Precipitates:

Even in Kyoto—

hearing the cuckoo’s cry—

I long for Kyoto. Bashō

(Robert Hass)

Incluso en Kyoto

—oigo cantar el cuco—

extraño Kyoto. Bashō

(ACdR)

El sentimiento evocado por esta traducción del hokku de Bashō es muy real para mí, pues yo me crié en Hawai cuando la economía todavía estaba parcialmente basada en el cultivo de la piña; me fui a los dieciocho años y ahora, por supuesto, Hawai ha cambiado mucho, y su economía depende del turismo. Otra razón por la que la versión de Hass funciona tan bien conmigo es que despierta ciertas alusiones al paso de las estaciones que para mí son tan literarias como literales. Y también he estado en Kyoto y percibido el fantasma de su pasado en el presente.

En Bashō and His Interpreters: Selected Hokku with Commentary, Makoto Ueda traduce el hokku así:

even in Kyoto

I long for Kyoto—

a hototogisu Bashō

(Makoto Ueda)

Hototogisu es el nombre japonés del cuco; esta traducción sigue muy de cerca la sintaxis del original, y las diferencias resultan estimulantes. En la traducción de Hass me parece que lo que dispara el sentimiento es algo exterior al yo; lo que se enfatiza es la distancia entre el viejo y el nuevo Kyoto. En la traducción del Ueda, es como si el hokku comenzase donde termina la versión de Hass; el sentimiento es lo primero, y luego aparece el hototogisu; en el canto del cuco los dos Kyoto se funden pasajeramente en uno solo. Este hokku se convierte en una oportunidad para Bashō (y para nosotros) de ver, sentir y experimentar lo que Sosei, un monje budista del siglo noveno, experimentó y registró en uno de sus poemas. Estamos unidos a él en ese sentimiento y hasta diría que se nos permite vivir en los dos mundos al mismo tiempo; pero como esta experiencia está unida al mundo natural, gobernado por el cambio, somos conscientes también que debemos dejarlo partir.


2 comments:

  1. Muy interesante. Muchísimas gracias. Extraordinaria la necesidad de afinarse uno mismo, además de la técnica propiamente literaria. También me ha alegrado esa relación, que no había pensado nunca, entre vivir mucho en un sitio para hacer buenos haikus. Umm, otra excusa más para no viajar.

    Mi versión del haiku:

    En Kioto --cuando escucho
    cantar al cuco--
    añoro Kioto.

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  2. ...o para viajar siempre por el mismo sitio, Enrique, como bien se ve en los que te ha dado a ti la autopista Sevilla-Cádiz.

    Formidable tu versión, mucho más natural pero manteniendo las 17 de rigor. Ese "añoro" resuelve lo extraño que resulta decir "extraño".

    Y gran enseñanza la que mencionas: al hacer un poema (ya sea escribiéndolo o leyéndolo) uno se va haciendo a uno mismo.

    Gracias por hacer taller.

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