Imago lacus

The picture above was taken by a dear friend, the American poet Debra Kang Dean (please do not use it without permission). I met Debra three years before, when I went to Walden to work with his late husband Brad, a great Thoreau scholar. Once we spent hours tracking this quotation: "Some men go fishing all their lives without ever realizing it's not fish they are after." We concluded that Thoreau never wrote it, but si non è vero...

Monday, March 7, 2011

Aristóteles

Esto es el principio. Cualquier cosa puede suceder. Aquí es donde se encuentra la creación de la luz, un pez que repta sobre la tierra, la primera palabra del Paraíso perdido en una página en blanco. Piensa en un huevo, la letra A, una mujer planchando en un escenario vacío mientras se abre el pesado telón. Esto es el mismísimo principio. El narrador en primera persona se presentay nos habla de su linaje. La mezzosoprano espera entre bastidores. Aquí los escaladores están estudiando un mapa o se ponen sus largos calcetines de lana. Esto es temprano, años antes del Arca, al amanecer. Alguien unta el perfil de un animal sobre el muro de una caverna, y tú todavía no has aprendido a gatear. Esto es la apertura, el gambito, el peón que avanza una casilla. Esta es tu primera noche con ella, tu primera noche sin ella. Esta es la primera parte donde las ruedas comienzan a girar, donde el ascensor comienza su ascenso, antes de que las puertas se abran con una sacudida.

Esto es el medio. Las cosas han tenido tiempo para complicarse, para enfangarse, de hecho. Ya nada es simple. Han surgido ciudades a lo largo de los ríos bullendo con gente e intereses creados: un millón de planes y un millón de miradas salvajes, el desencanto se quita su mochila y planta aquí su desarrapada tienda. Esta es la parte espesa, donde cuaja la trama, donde la acción vira de repente o se desvía en una dirección de escándalo. Aquí el narrador dedica un largo párrafo a por qué Miriam no quiere el hijo de Eduardo. Alguien esconde una carta bajo una almohada. Aquí el aria sube a los agudos, una canción de traición sazonada con venganza. Y la cordada está atascada en un risco a mitad de camino de la cima. Esto es el puente, la dolorosa modulación. Aquí estamos metidos en harina. Tantas cosas apelotonadas en el medio: guitarras españolas, pilas de aguacates maduros, uniformes rusos, fiestas bulliciosas, besos a la orilla de un lago, discusiones al otro lado de la pared; demasiado que nombrar, demasiado que pensar.

Y esto es el final, el coche que se queda sin carretera, el río que pierde su nombre en el océano, el largo hocico del caballo fotografiado tocando la línea blanca electrónica. Esto es el colofón, el último elefante del desfile, la silla de ruedas vacía y las palomas que flotan en el poniente. Aquí el escenario está lleno de cuerpos, el narrador conduce a los personajes a sus celdas y los escaladores descansan en sus tumbas. Éste soy yo pulsando el punto final y tú cerrando el libro. Es Silvia Plath en la cocina y San Clemente con un áncora al cuello. Esto es el último fragmento que va desapareciendo hasta convertirse en nada. Esto es el fin según Aristóteles, aquello que hemos estado esperando siempre, aquello a lo que todo se reduce, el destino que no podemos evitar imaginar, una franja de luz en el cielo, un sombrero en la percha y hojas caídas fuera de la cabaña.

Billy Collins
Picnic, Lightning (University of Pittsburgh Press, 1998). Trad. ACdR

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