Imago lacus

The picture above was taken by a dear friend, the American poet Debra Kang Dean (please do not use it without permission). I met Debra three years before, when I went to Walden to work with his late husband Brad, a great Thoreau scholar. Once we spent hours tracking this quotation: "Some men go fishing all their lives without ever realizing it's not fish they are after." We concluded that Thoreau never wrote it, but si non è vero...

Thursday, November 24, 2011

Los dos errores de Matias Mujika

Al hilo de lo dicho sobre la película Bertsolari, por fin he encontrado la respuesta que buscaba al "libelo sobre la cultura vasca". Como siempre, la tenía bien cerca, en la biblioteca. Traduzco a toda prisa:

Si tomamos el bertso que cita Matias Mujika, por ejemplo, debemos admitir que el bertso (el texto del bertso) no es de los excelentes. Según los principales axiomas de la poética escrita, si un texto ha de suscitar en el receptor una emoción, por fuerza tiene que estar trabajado poéticamente (o sea, debe estar compuesto en mayor o menor medida por medios poético-retóricos). Si se toma en consideración ese axioma, hay que darle la razón a Mujika, al menos en lo que se refiere a ese bertso.

Pero hay un gran salto de ahí a decir que ese bertso no pueda provocar placer, o que ese placer sea puro simulacro. Mujika está hablando desde la perspectiva de la poética escrita, y según esa teoría es imposible que un texto como ese pueda provocar ninguna emoción en nadie. Llegados a ese punto, el autor del libelo decide mantener la teoría, y de ahí extrae su conclusión principal: los que dicen que se emocionan con tales bertsos están fingiendo, pues es imposible emocionarse con tales melonadas. Nosotros, por el contrario, nos hemos emocionado a menudo con bertsos cuyo texto tienen ese mismo nivel, y no podemos optar por lo que hace Mujika. Por un lado, tenemos esa emoción que a menudo hemos sentido en nuestro entorno; por el otro, la teoría nos dice que esa emoción es imposible. Ante esa tesitura, el autor del libelo opta por poner en duda la emoción. Nosotros, por el contrario, ponemos en duda la teoría.

De hecho, al estudiar la improvisación bertsolarística desde la perspectiva de la poética escrita, y aún con la mejor intención del mundo, como mínimo incurriremos en los siguientes errores:

1. Limitar el bertso improvisado al mero texto. Es decir, no se tienen en cuenta los demás aspectos del bertso, como por ejemplo los prosódicos, los paralingüísticos, los extralingüísticos y los musicales. Por otro lado, el bertso improvisado se crea en y para un contexto concreto dado, y eso tampoco se tiene en cuenta. La poética escrita no considera al bertso en su totalidad. Por lo que se refiere al bertso citado en el libelo, por ejemplo, lo que examina Mujika no es el bertso, sino una pequeña parte de él: su texto, y además traducido a otra lengua. Pero el bertso no se agota en el texto. El bertso también es canto y, a la hora de suscitar una emoción, la melodía, la voz y la manera de cantarlo pueden ser tan importantes como el texto. No mencionarlos puede ser excusable, pues resulta difícil dar cuenta de ellos por escrito. Pero, de todas maneras, hay otras cosas que el libelo debería haber mencionado, al menos si su autor no quisiera que hiciese aguas por todos lados. En realidad, el bertso improvisado no es nada si lo desprendemos del contexto en el que se da. Así, Mujika tenía que haber mencionado que ese bertso se cantó en Donostia el 20 de enero de 1935, o sea, en el día de San Sebastián; que el teatro Poxpolin se encontraba lleno de gente; que subieron al escenario veinte bertsolaris, y que para muchos de ellos era la primera vez que cantaban en un teatro, pues hasta entonces la plaza y la sidrería eran los lugares habituales; que quien cantó ese bertso de felicitación fue un encorbatado muchacho de unos 20 años: Iñaki Eizmendi, “Basarri”, con una apariencia completamente distinta a la habitual hasta entonces entre los bertsolaris. Entre los oyentes se encontraban los intelectuales vascos más conocidos, y por primera vez aquellos que despreciaban el bertsolarismo junto a aquellos que lo veían como uno de los ejes del renacimiento de la cultura vasca. En ese contexto, en esa situación, es de suponer que los allí congregados sabían que estaban participando en un acontecimiento de gran importancia. Allí estaba la intelectualidad, y la presencia de los bertsolaris jóvenes aseguraba, de alguna manera, la supervivencia de ese arte. Más aún: ahí se podía ver asegurada la propia pervivencia del euskera. Si todas estas cosas se dejan de lado, o se ocultan, el bertso improvisado se reduce al mero texto, pero el texto es, como veremos, sólo uno de los elementos del bertso, y no necesariamente el más importante. Los que se reunieron allí, de hecho, no necesitaron textos excelentes para emocionarse; lo que provocó la emoción fue participar en ese momento histórico, y lo único que hizo el bertso fue catalizar y canalizar esa emoción.

2. Asignar al bertso improvisado una finalidad que no es la suya, pues la intención del bertsolari no es crear textos de nivel estético-literario. (Naturalmente, de vez en cuando el bertsolari puede dar con un texto de ese tipo, y se alegra por ello, pero ese no es su objetivo.)

Joxerra Garzia, Jon Sarasua, Andoni Egaña

Bat-bateko bertsolaritza. Gakoak eta azterbideak (Bertsozale Elkartea, 2001), 139-141

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