Imago lacus

The picture above was taken by a dear friend, the American poet Debra Kang Dean (please do not use it without permission). I met Debra three years before, when I went to Walden to work with his late husband Brad, a great Thoreau scholar. Once we spent hours tracking this quotation: "Some men go fishing all their lives without ever realizing it's not fish they are after." We concluded that Thoreau never wrote it, but si non è vero...

Saturday, March 3, 2012

El erizo (3)

El erizo no ha muerto. Mientras siga vivo en nuestra tradición literaria, cada escritor que se incorpore a ella entrará en diálogo con él, ya convertido en héroe-mascota y símbolo totémico principal de la lengua vasca. Yo mismo lo he mencionado en mi poema 28 ("lo del erizo fue un accidente"), Ekhiñe Egiguren lo invoca en otro, y quién sabe cuántos más. Y por eso lo he traído aquí: no sólo porque está en mi vida (como algo tan significativo que ha acabado incorporándose a mi "sistema operativo") sino también porque me permite entender la de otros. Los mejores poemas son algo más que palabras o recursos de taller literario: son palabras que hacen cosas, y por eso cada antología es una caja de herramientas, útiles para sentir o entender algo que antes desconocíamos.

Aunque el poeta griego Arquíloco dejo dicho que "muchas cosas sabe la zorra, pero el erizo sabe una sola, y grande", aludiendo a su única estrategia de defensa, el poema de Atxaga contiene muchas lecciones que enseñarnos. Y no me refiero únicamente al contenido de la alegoría, a la moraleja de la fábula, que también, sino a cuestiones de artesanía, al arte de comunicar algo mediante un artefacto lingüístico. El poema tiene una estructura tan clásica como eficaz: planteamiento (las tres primeras estrofas, donde se nos presenta al héroe mediante la repetición de su rutina diaria), nudo (que nos muestra su valor mediante la prudencia que le hace esperar a la noche y el arrojo que le impulsa a "entrar de un solo paso en tu tiempo y el mío"), y el trágico desenlace, resuelto en los dos versos finales.

Pero no por ser claro es prosaico. El poema del erizo es idiosincrásico, completamente personal, y llega a sonar bastante peculiar en momentos: como una vez me dijo Jokin, mi profesor en el euskaltegi, nadie usa la conjunción "ordea" como Atxaga. "Ordea bertan gelditzen da bera ere hosto lehor balitz": cuando al hablar o escribir siento miedo de resultar raro o poco ortodoxo, recuerdo esta manera tan poco natural con la que comienza la cuarta estrofa, y me tranquilizo. (Si Atxaga puede permitirse colocar ese "ordea" al inicio de la frase, aunque yo siempre lo haya oído en la mitad, seguro que mi interlocutor me puede perdonar mis propias rarezas.) Pero no sólo necesitamos eso: tanto como el valor y la calma, nos hace falta flexibilidad, saber adaptarnos a los cambios. Porque si algo puede salvar al erizo es precisamente la capacidad de aprender palabras nuevas.

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