Imago lacus

The picture above was taken by a dear friend, the American poet Debra Kang Dean (please do not use it without permission). I met Debra three years before, when I went to Walden to work with his late husband Brad, a great Thoreau scholar. Once we spent hours tracking this quotation: "Some men go fishing all their lives without ever realizing it's not fish they are after." We concluded that Thoreau never wrote it, but si non è vero...

Thursday, April 26, 2012

Un placer (2)

Un amigo me pregunta por el sufrimiento que genera la escritura, que también lo hay. Él mismo advierte que la dificultad creativa puede ser placentera, y no puedo sino estar de acuerdo. El placer es subjetivo, no todo nos gusta a todos por igual, pero disponer las piezas de un puzzle —esa definición de la poesía como “las palabras justas en su justo orden”— puede ser tan difícil como placentero. Si comparamos el poema con un viaje, debe haber placer al partir pero también al regresar, y a menudo ese placer último es directamente proporcional a la magnitud de las dificultades superadas para alcanzarlo.

Con todo, de los descritos por Billy Collins es el “placer del espejo” el que más me recuerda al de este poema, cuyo efecto no depende de su musicalidad o de que nos permita ver algo familiar con nuevos ojos. Es eficaz porque apela sutilmente, como quien no quiere la cosa, a cierto aspecto que compartimos todos sus lectores, estimulando cierto aspecto de nuestra identidad colectiva como vascohablantes. En seguida aclaro ese punto, pero baste decir ahora que este poema no sólo habla de su autor, sino también de nosotros, sus intérpretes. Leerlo lleva menos de un minuto pero, como dice Collins, “en la medida en que el poema me provoque ciertas reacciones, me lee a mí tanto como yo lo leo a él. Cada lector acomodará el poema a su manera, lo que viene a decir que un poema puede tener muchas interpretaciones distintas de nosotros. La inteligencia conscientemente empleada en un poema se encuentra con la del lector a medio camino, creando una especie de campo donde tienen lugar los intercambios entre lector y poema, sus lecturas mutuas. Ese reconocimiento de que el poema es capaz de deslizarse en nuestra conciencia produce un sentimiento de familiaridad con la página, una intimidad que nos saca placenteramente de nuestra soledad y nos coloca en compañía, no sólo con el poeta y su poema, sino con todos sus lectores pasados y futuros. El poema es un espejo en el que leemos un aspecto de nosotros mismos; es también un salón de los espejos en el que vemos las imágenes de nuestros compañeros de lectura multiplicándose en el tiempo.”

Si uno siente esa identificación al leer este epigrama de Angel Erro, ¿qué aspecto del poema la suscita? Algo tendrá que ver con su desarrollo, en el que acompañamos al yo poético desde la incomprensión que despierta su naturaleza al placer que le concede el satisfacerla con versos como el final. Pero uno no tiene que ser poeta o escribir versos para sentirse identificado con este poema y disfrutar con él. Creo que la clave está en el penúltimo verso, encabalgado con el anterior, que añade un matiz crucial: ese placer existe “aunque sea [escribiendo] sobre el agua con el viento como pluma”. Esta imperecedera imagen apela a esa poesía que, más allá o más acá de la literatura, encontramos en la mera producción [poiesis] de algo hermoso mediante un lenguaje que ni siquiera tiene que ser escrito: basta con un gesto. Y este es un placer que todo hablante de una lengua en diglosia ha experimentado alguna vez: el placer de expresarse en una lengua que no es la hegemónica. El propio Erro ha escrito en otro lugar que todos los poetas trabajan en diglosia, y así es, pero dándole una vuelta más yo afirmaría que a los vascohablante la diglosia nos hace trabajar poéticamente, porque cuanto menos hegemónica es una lengua, más trabajo de poiesis tienen que hacer sus usuarios. Esto la vuelve rara y frágil y cargante a veces (Ruper Ordorika dixit: zein nekeza den euskaldun izatea!), pero también la dota de ese plus de significado y emoción representado en este poema por el trazo del viento sobre el agua.

TBC

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