Imago lacus

The picture above was taken by a dear friend, the American poet Debra Kang Dean (please do not use it without permission). I met Debra three years before, when I went to Walden to work with his late husband Brad, a great Thoreau scholar. Once we spent hours tracking this quotation: "Some men go fishing all their lives without ever realizing it's not fish they are after." We concluded that Thoreau never wrote it, but si non è vero...

Tuesday, June 5, 2012

Reconocer(se)

De todos los fines de la escritura, reconocer e invocar a los ancestros es uno de los más tradicionales: declarar el linaje, la genealogía, dejar claro quién es hijo de quién. Esto tiene una función social pero también de autoconocimiento, tanto para el escritor como para el lector. No leemos porque nos interesen los secretos del poeta, sino para aprender cosas de nosotros mismos. De ahí el permanente atractivo que (al menos sobre mí) ejercen los poemas digamos generacionales, aquellos en los que el autor hace un autorretrato coral, definiéndose a partir de lo que comparte con sus contemporáneos.

O de lo que no comparte. Estos días he recordado una vieja entrada en el blog de Beñat Sarasola, donde se cuenta una anécdota que me parece muy significativa a este respecto. El primer día de clase toca presentarse y los estudiantes tienen que responder a una pregunta sobre su nacionalidad. Situación complicada para todo vasco, más si es escritor o filósofo o poeta (es decir, alguien comprometido con la veracidad de las respuestas). Los demás responden sin mayor problema, pero Beñat preferiría no hacerlo, como Bartleby. Y sin embargo tiene que responder, aunque sea a costa de cierta desazón y a la sospecha de que cualquier respuesta hubiera sido insuficiente. Por eso yo al menos intento mantener la política al margen de las aulas, y posiblemente por eso también Beñat tuvo que contarlo después en su blog.

El caso es que cuando lo leí me sentí identificado con ese relato, que bien hubiera podido convertirse en poema. Y quién mejor que el propio Beñat para hacerlo, si no fuera porque en cierto sentido ya lo había hecho en otro, y de una manera más sutil y afirmativa. El poema, que se títula “Laurogeiko hamarkada” y está en su primer libro (Kaxa huts bat), lo explica mejor: “Si digo que soy de la década de los ochenta / no es porque maldijera en Central Park / a Mark David Chapman.” Y continúa con una enumeración (no exenta de estupendas aliteraciones: tankeek zapaldu nindutelako / zapaltzeko ezin modu zapaltzaileagoan) de todos los hitos y eventos histórico-culturales que los donostiarras nacidos en esa década tienen inscritos en su infancia: Tiananmen, el SIDA, la Liga de la Real (que a mí me pilló ya tarde, paseando con mis padres por una desierta calle Matía), la Caída del Muro y la del Challenger, la fosforescencia de Chernobil o la de Derrida escribiendo en Zorroaga (demasiado pronto para mí).

El yo poético va pasando revista a la historial local y global, y no encuentra en ella la razón definitiva de que él sea una cosa o la otra. Esa lista de negativas es lo que me recordaba a la anécdota que he mencionado antes, y también el hecho de en ambas hay un sí escondido detrás de todos los noes. Si uno es de donde es, a menudo es por lo que debe a las personas de su entorno, pero a unos más que a otros. En este caso:

Digo que soy de la década de los ochenta
porque en la primavera del ochenta y cuatro
ebria de optimismo mi madre reunió
todas sus fuerzas para traer un hijo al mundo.

Ese baikortasuna original no es lo mismo que mi optimismo: sería más bien algo así como la cualidad de ser afirmativo, asertivo o positivo, pero no sé cómo verterlo. Lo que sé es que sin esos versos finales el poema no funcionaría, sería un mero inventario. Lo que le da valor poético (es decir, universal) es que, seamos o no de esa generación, ese final es un principio compartido por todos: si estamos aquí es porque tuvimos una madre que apostó por nosotros, y antes de ella todos nuestros ancestros con todas sus imperfecciones (gure arbaso zakarrei, en un verso de Sarrionandia).

Como la anécdota del blog, el poema registra una epifanía: el momento en el que uno se reconoce a sí mismo, reconociendo a otros. A ese encuentro con la propia identidad se llega a tientas, por vía negativa, apartando primero lo que uno no es o no quiere ser, descubriendo qué es lo que se comparte con otros por voluntad propia y por voluntad ajena. Así, la poesía contemporánea es una vía de exploración de la identidad individual (ya lo dijo Lete: Gaur egun poesia zerbait baldin bada, nitasuna da), pero ninguna identidad es estrictamente individual.

Mi identidad vasca, como la de Imanol, no tiene árboles genealógicos pero sí alguna brizna de hierba. Quiero decir que mi propio camino de autoconocimiento está enraizado en cosas concretas y cotidianas, en pequeñas historias, más que en las ideas abstractas y los apellidos de la Historia. Y, como bien muestra este poema, para homenajear a las madres es preferible partir de cualquier efeméride, de los acontecimientos que el azar nos haya puesto en el camino, que de esa clase de generalidades sobre la abnegación que cabe escuchar el Día de la Madre.

3 comments:

  1. Podríamos hablar de la identidad heredada y de la elegida. En la Margen Izquierda en aquellos años 80 de luchas obreras, y colegios de curas para mí, no era fácil entender la elección de una identidad que casi nos dividía en dos: genealógicamente medio portugues y medio vasco. Hubiera resultado más sencillo ser totalmente español, como el entorno en que nos movíamos, sin necesidad de explicaciones repetitivas e indescifrables para el resto.

    Eu sou raiano, da raia, pelo pai. Eta Far Westekoa, amaren aldetik, mugaldekoa.

    Esa identidad elegida se pierde entre mojones de fronteras, pero es cómoda, porque hace el estar desnortado una geografía común y propia, sin necesidad de símbolos y selecciones nacionales. Es sin duda una suerte para la salud mental del que pertenece a un lugar y a un pueblo que no ha conseguido todavía ganar la historia.

    Decía Walter Benjamin que los pueblos no se levantan para ofrecer una mejor vida a su hijos, sino para vengar a sus antepasados. Así es. Tristemente así es.

    Iñigo

    ReplyDelete
  2. Tirando de ese hilo, me han venido a la memoria otros sucesos cruciales:

    - como mis tíos se avergonzaban cuando sus padres hablaban en portugues delante de extraños.

    - aquel cartel de ANV que rezaba "No importa de donde venimos, sino hacia donde vamos".

    - aquella vez que en una fotocopistería me preguntaron de donde era porque tenía un acento raro.

    Minucias mayúsculas.

    Iñigo

    ReplyDelete
  3. Bem-vindo, Iñigo, urte askotarako! Qué sorpresas tiene esto del blog, y qué afinidades también. Ama minhota dut, aita gaztelakoa. Colegio de curas e identidades incómodas: tirio para troyanos y troyano para tirios. O, como en el poema de Ignazio Aiestaran, frantsesentzat espainiar, espainiarrentzat basko, baskoentzat nafar, nafarrentzat putobasko, erdaldunentzat euskaldun, euskaldunentzat euskaldunberri…

    Esto pide continuación en entrada aparte, pero tendrá que ser el fin de semana. Adiorik ez.

    ReplyDelete