Imago lacus

The picture above was taken by a dear friend, the American poet Debra Kang Dean (please do not use it without permission). I met Debra three years before, when I went to Walden to work with his late husband Brad, a great Thoreau scholar. Once we spent hours tracking this quotation: "Some men go fishing all their lives without ever realizing it's not fish they are after." We concluded that Thoreau never wrote it, but si non è vero...

Friday, July 6, 2012

La última vez

Como ya he contado aquí, una noche del pasado invierno (2010-11: mi vida está contada y medida en cursos académicos), a cubierto de la lluvia en las puertas del teatro Victoria Eugenia, nos regalaron un CD con poemas que se titula Atera dena, "lo que ha salido". Lo escuché un par de veces y luego se perdió, como todo, pero entonces comencé a recordar obsesivamente un poema que ahí recitaba su autor, Igor Estankona, que se abría conduciendo por una carretera "fría como una serpiente" (y seguro que tan ondulada) a las cinco de la madrugada. No se me iba de la cabeza esa capacidad de transmitir un movimiento que involucra a todos los sentidos y no paré hasta volver a leerlo en un ejemplar de la biblioteca municipal. Inmediatamente encontré el CD, en el lugar obvio: el coche, donde a fin de cuentas paso sentado más tiempo que en casa, y ahí sigue.

Siempre me ha sorprendido encontrar tan pocos poemas sobre coches, siendo como son el fundamento de la vida contemporánea. Como dice Jean Baudrillard en El otro por sí mismo, “el vehículo se convierte en una burbuja, el salpicadero en una consola, y el paisaje de alrededor se extiende como una pantalla televisada”. Y a esa película le ponemos nosotros la banda sonora, claro.

Para este escogería Kind of Blue, de Miles Davis, que es el título escogido por Estankona para encabezar la primera sección de su libro Iratzeen esporak, que es donde se encuentra el poema. En el anterior la voz poética parte del fracaso y reconoce que, aunque no sea ese su primer libro, no consigue por mucho que golpee la tierra para llegar al amor de las palabras no consigue alcanzar la mitad del dolor o la ternura, porque su carne “es tan blanca y dura como el mármol” (gupida barik kolpatzen dut lurra / hitzen maitasunera iritsi nahian / eta hala ere ez naiz iristen oinazera / edo xamurtasunaren erdira, / konturatzen naiz hitzen haragi / marmola bezain gogorra eta garbia dela).

Pero, como nos enseñó San Beckett (en su conversación sobre Bram van Velde, publicada en Proust y otros ensayos, y que a mí me llegó vía Beñat Sarasola), hay que seguir intentándolo, aunque no se pueda: “ser artista es fracasar como ningún otro se atreve a fracasar, [reconocer] que el fracaso es su mundo y que acobardarse ante éste constituye abandono, artesanía, buena administración, vivir.”


TBC

3 comments:

  1. Esa cobardía, ese "...abandono, la artesanía, la buena administración, vivir..." me parece muy atrayente, mejor que ser artista, a no ser que uno no sea libre y no pueda dejar de ser artista, y para cuando ocurre eso, me gustan las palabras con las que Lluis Llach solía abrir sus conciertos, más o menos decía esto:
    "El verdadero reto del artista no es su compromiso con la creación, sino su lucha contra la abundante vanidad que impregna toda creación artística".

    ReplyDelete
  2. Gracias, Kepa, me alegra que me lo recuerdes, porque no quisiera haber incurrido en complacencia con el cliché del artista fracasado. No creo que haya artistas que lo sean a todas horas, ni que las cuestiones más importantes de la vida no consistan precisamente en su buena administración. Grandes poetas simplemente dejaron de escribir, como Gil de Biedma en su poema De vita beata, cuando decide "no sufrir, no escribir, no pagar cuentas, / y vivir como un noble arruinado / entre las ruinas de [su] inteligencia."

    No voy a menospreciar esas cosas cuyo atractivo mencionas: estas poéticas son prueba de que me interesa tanto la artesanía de un poema como su capacidad para mejorar la vida de alguien. Pero los buenos poemas enseñan también que la vida puede ser un asunto horrible y trágico. En esa conversación, entre la espada y la pared, Beckett se esfuerza por llegar a una "conclusión aceptable": a veces el artista no tiene más remedio, si quiere huir de la vanidad, que expresar su "fidelidad al fracaso". No por mitificar a los perdedores, sino por honestidad. Si en tanto que artista está "obligado a actuar" pero al mismo tiempo es "incapaz de actuar" (por el motivo que sea; no voy a entrar ahora en eso), sólo le queda realizar un acto expresivo que exprese esa imposibilidad y esa obligación.

    Un abrazo y seguimos en contacto.

    ReplyDelete
  3. A veces paso tiempo sin leer tu blog, y no debería porque siempre me recuerdas lo que me gusta la poesía y lo poco que la leo. Gracias

    ReplyDelete