Imago lacus

The picture above was taken by a dear friend, the American poet Debra Kang Dean (please do not use it without permission). I met Debra three years before, when I went to Walden to work with his late husband Brad, a great Thoreau scholar. Once we spent hours tracking this quotation: "Some men go fishing all their lives without ever realizing it's not fish they are after." We concluded that Thoreau never wrote it, but si non è vero...

Saturday, September 15, 2012

Conversación recuperada con Alberto Caeiro (2)

Caeiro volvió a hacer una pequeña pausa. Reflexionó. Después continuó:

—Es eso...

Creo en el mundo como en una margarita,
porque lo veo. Pero no pienso en él
porque pensar es no comprender...
el mundo no se hizo para que pensemos en él
(pensar es estar enfermo de los ojos)
sino para que lo miremos y estemos de acuerdo...
»Pero ahora vamos a las comparaciones, a las aproximaciones... hasta ahora sólo he hablado de mis versos, y a usted le gustaría saber en qué medida se amoldan a la poesía zen. Tendré pues que ser más concreto.

»La poesía japonesa tiene una especial predilección por el haiku que, formalmente, es un pequeño poema, constituido generalmente por tres versos, en un total aproximado de diecisiete sílabas. En él, el poeta deberá expresar, no sólo un determinado estado de espíritu, sino también sugerir una imagen, suficientemente viva para despertar la imaginación del lector o del oyente.

»El haiku se inspira en los temas más simples y más vulgares de la vida cotidiana, hechos que, en apariencia, podrán parecer insignificantes, pero que de hecho no lo son para quien ha aprendido a ver según esa perspectiva que he expresado en mis versos.
 

»Con todo, el haiku sólo deberá decir aquello que es necesario, aquello que es imprescindible. No deberá contener palabras inútiles, en lo que difiere radicalmente de la poesía occidental, donde casi siempre se verifica cierta tendencia a acumular pormenores...
 

»Formalmente, mis versos nada tienen que ver con el haiku. Pero contienen, eso sí, muchas de las disposiciones y de las intenciones de esa poesía. Atienda, por ejemplo, a este haiku de Gochiku:
Sobre una rama seca 
está posado un cuervo 
en el atardecer de otoño.
»Fíjese en que no hay palabras inútiles, excusadas... aquí no hay ninguna explicación, ningún esfuerzo descriptivo... sólo una intención demostrativa. Sólo una intención demostrativa, que está en conformidad con la expresión fundamental del zen: mostrar una vez vale más que decir cien veces. Siempre lo he dicho en mis versos. Nadie podrá negar que ver ha sido siempre una constante de mi poesía. Ver es 'nuestra única riqueza':
En las ciudades la vida es más pequeña
que aquí en mi casa en la cima de este otero.
En la ciudad las grandes casas cierran la vista con llave,
esconden el horizonte, empujan nuestra mirada lejos de todo el cielo,
nos empequeñecen porque nos quitan lo que nos pueden dar los ojos ,
y nos empobrecen porque nuestra única riqueza es ver.
»Pero fíjese: aquel haiku que cité anteriormente no sólo expresa una intención demostrativa. Expresa también el desapego de ver todas las cosas suceder por sí mismas, independientemente del yo pensante que las observa y analiza. Las cosas suceden con una milagrosa espontaneidad natural. 

»¿No fue siempre eso lo que yo dije? ¿No fue siempre eso lo que yo hice?

»Mis versos siguieron siempre el destino de la naturaleza. Crecieron y florecieron como los árboles... son expresión de algo que no depende de mí como individualidad distinta del proceso natural. Son cierta cosa que no se puede esconder; cuyo destino tiene que ser mostrado a todo el mundo, porque ese es su propio destino:
Ese es el destino de mis versos.
Los escribí y debo mostrarlos a todos
porque no puedo hacer lo contrario
como la flor no puede esconder el color,
ni el río esconder que corre,
ni el árbol esconder que da fruto.
»Pero también hay otras intenciones. Decía Basho, un gran maestro zen, que para escribir un haiku hace falta un niño de 'cinco palmos de altura'. Es que, en realidad, los poemas de Basho tienen la objetividad inspirada que el niño revela al expresar su asombro, y nos lleva a sentir de nuevo el mundo, como cuando nuestros ojos atónitos lo vieron por primera vez. Vea este poema de Basho:
Enciende el fuego;
te mostraré una cosa bonita:
¡una gran bola de nieve!
»Esta objetividad absoluta del niño que mira maravillado al mundo siempre fue lo que yo quise revelar en mis versos. Ya lo dije varias veces durante nuestras conversaciones:
Sé tener el pasmo esencial
que tiene un niño si, al nacer,
reparase en que nació de veras...
me siento nacido a cada momento
a la eterna novedad del mundo...
José Flórido 
Conversas inacabadas com Alberto Caeiro (Porto Editora, 1987)
Trad. ACdR

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