Imago lacus

The picture above was taken by a dear friend, the American poet Debra Kang Dean (please do not use it without permission). I met Debra three years before, when I went to Walden to work with his late husband Brad, a great Thoreau scholar. Once we spent hours tracking this quotation: "Some men go fishing all their lives without ever realizing it's not fish they are after." We concluded that Thoreau never wrote it, but si non è vero...

Wednesday, January 9, 2013

El cuento del último verano

Mi buen amigo José Antonio Seoane me regaló este libro, y además de recomendarlo urbi et orbi yo he hecho lo propio con Angel Erro por el amor que ambos tienen a la música de Bach, que pone banda sonora a uno de estos cuentos de Bernhard Schlink, autor de El lector (que no he leído) y El fin de semana (que sí, y que también recomiendo, aunque no me parece superior). Perdonadme el name-dropping y demás cursivas, pero dado que mis amigos ya han tenido la oportunidad de leer el libro creo que puedo permitirme un pequeño spoiler, así que voy a resumir el cuento que mayor impacto me ha causado. Se llama “El último verano”, y relata en tercera persona la historia de un catedrático alemán de filosofía analítica que acaba de jubilarse.

En ética como en literatura los detalles son lo fundamental, pero aquí prescindiré de ellos para poder llegar a donde me interesa, que es la moraleja final. Herr Professor rememora su vida y, a diferencia de Wittgenstein, declara que no es feliz, aunque “al menos contaba con todos los ingredientes que se había imaginado que debía tener”. Pero a veces, ya desde el comienzo de su carrera académica, “oía en su interior una vocecita que cuestionaba su felicidad, pero la hacía callar” (159).

El cuento se desarrolla en la casa de campo donde el profesor pasa las vacaciones con su mujer, hijos y nietos. Ellos ignoran lo que nosotros sí sabemos: el profesor está pensando en acabar con su vida “porque los meses que tenía ante sí, los últimos meses, serían horribles. Y no porque no pudiera soportar los dolores. Sólo se iría cuando los dolores se hicieran insoportables.” El profesor lo ha preparado todo para matarse después de disfrutar ese último verano con la familia y un amigo de toda la vida (a quien tampoco dirá nada sobre su decisión), pero “se preguntaba si no se trataría, una vez más, de una simple reunión de los ingredientes para ser feliz” (162).

Todo parece perfecto y las semanas van pasando felizmente y, aunque sabemos que esa felicidad esconde una desdicha, al protagonista no le importa demasiado: guarda un frasco con el cóctel facilitado por “las asociaciones de ayuda para una muerte digna” (163) y planea tomárselo cuando él lo decida, sin decir nada a nadie, de manera que cuando se descubra todo él ya no estará allí para preocuparse por eso.

El relato está contado desde dentro, desde lo que verdaderamente importa al protagonista: rememorar algunas historias del pasado, mejorar relaciones personales tras años de distanciamiento profesional, dejarse emocionar por la música. La enfermedad no le interesa mucho; sabemos que es un cáncer pero “No quería ser uno de esos enfermos que quieren saberlo todo acerca de su enfermedad, que navegan por Internet, que consultan libros y que ponen a sus médicos en apuros.” (167) Prefiere preparar el desayuno por primera vez para toda la familia, cuidar del jardín o llevar a su mujer a cenar fuera.

Ella advierte algo raro; le extraña tanta atención: “Yo no soy una máquina que puedas encender y apagar,” le dice. “Me había imaginado nuestro matrimonio de otra manera, pero parecía que no podía ser, así que me adapté a lo que había. Pero no voy a adaptarme a un cambio de humor o a un ritmo distinto de un verano que dentro de poco habrá acabado. Para eso, sigo cortando yo el seto.” (173) Por otro lado, el dolor comienza a reclamar su atención con mayor fuerza y llega un momento en el que toma las riendas: “Era peor que el peor de los dolores que había sufrido hasta entonces. Le anuló el deseo, el tacto y el pensamiento. Lo convirtió en su juguete, un juguete que no podía escapar a aquel dolor y ni siquiera podía concebir que pudiera cesar.” (176)

El plan era disfrutar del verano todo lo posible. Como dice su amigo, ¿qué otra cosa puede hacerse? (180) Pero los planes son eso, ilusiones. Su mujer encuentra el cóctel y le pide cuentas. “Quería irme sin causar problemas a nadie,” se defiende él. Ella se pilla un cabreo de órdago, pues lo que ha hecho su marido le parece una falta de respeto hacia la verdad, hacia los demás y hacia su matrimonio: “¿Es que creías que no iba a averiguar la verdad? ¿O pensabas que lo haría cuando ya estuvieras muerto y entonces ya no podría pedirte explicaciones? No me has engañado con ninguna amante, pero esta manera de engañarme no es mejor, es peor.” (186) Así que se lo explica a los hijos y se larga. Ellos se van con ella, dejando al profesor solo en casa.

A continuación vienen días y noches verdaderamente dantescos y que renuncio a resumir, son lo mejor del cuento. El caso es que tras ellos el profesor escribe la siguiente carta a su mujer (194):
Sin ti no puedo vivir. No es por la ropa limpia; la lavo, la seco y la doblo. Tampoco es por la comida; voy a la compra y cocino. Limpio la casa y riego el jardín.

Sin ti no puedo vivir porque sin ti no hay nada. Todo lo que he hecho en mi vida he podido hacerlo porque te tenía a ti. Si no te hubiera tenido, no habría logrado nada. Y desde que no te tengo conmigo, me he ido degradando hasta lo más profundo. Afortunadamente he tenido un accidente y he entrado en razón.

Siento muchísimo no haberte dicho nada sobre mi situación, haber planificado yo solo cómo poner fin a mi vida y haber querido decidir solo cuándo no podía soportar más.

Ya sabes cuál es el cofre que heredé de mi padre. Voy a meter el frasco en ese cofre y a meterlo en el frigorífico. La llave va con esta carta, de modo que sin ti no podré decidir nada. Cuando las cosas ya no sean soportables, tomaremos la decisión juntos. Te quiero.
La carta es enviada pero no puedo deciros si llegó a su destino, ni lo que ocurrió a continuación.

Mañana mi comentario.

No comments:

Post a Comment