Imago lacus

The picture above was taken by a dear friend, the American poet Debra Kang Dean (please do not use it without permission). I met Debra three years before, when I went to Walden to work with his late husband Brad, a great Thoreau scholar. Once we spent hours tracking this quotation: "Some men go fishing all their lives without ever realizing it's not fish they are after." We concluded that Thoreau never wrote it, but si non è vero...

Wednesday, February 13, 2013

Playlist (EG-M)

Que la tarea mayor de un poeta es seleccionar (maestros, experiencias, formas, versos, palabras o sonidos) nunca se comprueba mejor como en las lecturas de poesía. Ahí se las ve en el aprieto de resumir años de conversación en unas cuantas frases, y además compensar con explicaciones la relativamente mejor atención que recibirá en la lectura a solas. Esto último lo dijo Enrique García-Máiquez (citando, creo, a Gil de Biedma) en su recital de ayer en el Aquarium de San Sebastián, todo un lujo para foráneos y donostiarras, entre los que aspaldiko partez pude saludar a Karmelo C. Iribarren, Ramón Eder y Joserra Senperena.

Una buena manera de afrontar esa selección es darle un hilo conductor, y ahí Enrique estuvo atento a la audiencia y optó por una lectura cronológica pero en torno al tema de la creación poética como creación personal: la escritura como esa tarea en la que vamos afinando el propio yo (y digo “vamos” porque desgranó varias anécdotas en las que sugirió que esa tarea se hace mejor en compañía de otros, poetas o no). Como buen recital, el concierto contó con su telonero (Don Vicente Zaragüeta, que recitó un poema submarino de Alberti), aunque para telón de fondo el que pusieron a espaldas del solista los peces del Aquarium, que no pararon de revolotear y hacer trompos durante toda la lectura. Nosotros los mirábamos como los axolotl de Cortázar mientras Enrique nos guiaba poema a poema, libro a libro, en este orden que ahora transcribo.

0. Abisal. (Una incorporación de último momento, a juego con el escenario, por otra parte tan adecuado para alguien que lleva la pesca en la sangre y también vive en un Puerto.)

De Haz de luz:

1.- Presentación.
2.- Oración por nosotros los poetas menores.


De Ardua Mediocritas:

3.- Opositor. (Muy apropiado para la audiencia: “Quiero escribir un poema. / Tengo que estudiar. La cama / me llama. Quema la llama / de qué vocación: dilema / entre rima, cama y tema / que me exige una elección. [...]”)

Hasta aquí todo bien. Comencé a emocionarme en serio con los poemas de Casa propia, en especial con (4) y (8):

4.- Arquitectura. (Un poema-pórtico que, como nos comentó después, fue el último en entrar en el libro.)
5.- El lector es un fingidor.
6.- Cine Classics.
7.- Aquí y ahora.
(“Me dicen mis amigos que mi vida / [...])
8.- Sin fin.

Para cuando llegamos a Con el tiempo ya habíamos alcanzado nuestra velocidad de crucero, suspendidos entre la tierra y el agua, y tan ingrávidos como las imágenes invocadas por Enrique (haciendo de la necesidad virtud, como los buenos) en el aire del auditorio:

9.- Salto.
10.- No hay cuidado.
11.- El hijo que no tengo.
12.- Variación sobre Cardenal.
(Primeras risas. No había chicas entre la audiencia.)
13.- Lectura en un colegio.
14.- La higuera estéril.
(Impresionante; la cumbre de esa lectura. Tema recurrente: el mal convertido en bien, la limitación en potencia.)
15.- El llanto de una niña sostiene las constelaciones. (Capté una alusión a Pessoa sin metafísica que se me había escapado al leer el libro.)

A continuación hubo una serie de bonus tracks, poemas inéditos que no voy a revelar aquí. Uno de reflexión moral-escatológica que a mí me recordó a “Blanco y negro” por lo que tiene de extrañeza o pregunta sobre la utilidad de la muerte. En otro realizaba una autopsia a la poesía contemporánea española. Me gustó mucho un poema-exorcismo sobre sus pesadillas, de sabor muy chestertoniano, y también uno sobre rutinas familiares a la hora de dormir que bien podría ser la continuación de (15).

El último inédito enlazó directamente con el turno de preguntas, donde Enrique insistió gentilmente (y ahí se le vió el oficio, no sólo de poeta, sino de profesor) en que la literatura es una conversación en la que tenemos el privilegio de charlar con los grandes; ese contexto trae consigo unas normas básicas de urbanidad que cada participante tiene que aplicarse a la hora de añadir un poema a lo ya dicho: “el nuevo poema tiene que respetar los requisitos de una conversación”.

Nunca tan adecuadas las palabras “fondo” y “hondo”, tan repetidas por otra parte en estos poemas. La luz entraba gratis desde la parte superior del acuario, ondulando como esa “túnica que Salomón / en todo su esplendor jamás vistiera”, y al compás de una dicción susurrante y para nosotros bastante exótica. Y, todo sea dicho, un pelín demasiado rápida para nuestro gusto, o eso al menos comentamos con Ramón y Joserra en el Paco Bueno, donde fuimos después a celebrarlo; al fin y al cabo, “la mía es una poesía celebrativa”, había dicho Enrique, y nosotros no podíamos menos que estar de acuerdo.

2 comments:

  1. Muchísimas gracias por tan generosa como ajustada crónica. Me apunto a lo de mayor lentitud, que también me dijeron los anfitriones. Qué divertido lo de la dicción. Mis alumnos de aquí preguntan si soy del norte por mi acento. Ja. Se ve que cada uno es un mundo, con su acento (casi idioma) y todo.

    La compañía fue lo mejor.

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  2. Sí, y eso encaja también con algo que también dijiste sobre la capacidad de algunos escritores para construir un mundo a partir de tres o cuatro tics personales, haciendo de poco un todo.

    La compañia fue lo mejor, pero lo más elegante (al menos para este anglofilo) tu chaqueta de tweed.

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