Imago lacus

The picture above was taken by a dear friend, the American poet Debra Kang Dean (please do not use it without permission). I met Debra three years before, when I went to Walden to work with his late husband Brad, a great Thoreau scholar. Once we spent hours tracking this quotation: "Some men go fishing all their lives without ever realizing it's not fish they are after." We concluded that Thoreau never wrote it, but si non è vero...

Thursday, April 18, 2013

Verdades volátiles

¿Moda o plaga? pregunta el amigo de un amigo, refiriéndose al hecho de que esta primavera florecen los libros de Thoreau en los escaparates.

Ni lo uno ni lo otro; con los clásicos (y Thoreau lo es, aunque sea underground) sólo es cuestión de tiempo. Capitán Swing ha sacado la primera parte de la estupenda edición del Diario realizada por Damion Searls (la sacó en 2009 el New York Review of Books en un sólo volumen, pero son más de 700 páginas). Por partes intimida menos, pero hay que recordar que sigue siendo una selección: el Journal real tiene más de catorce volúmenes y más de dos millones de palabras. La traducción es de Ernesto Estrella, que es poeta además de profesor y performer.

Por su parte, Errata naturae (que ya había sacado antes la traducción de las cartas a H. G. O. Blake que editó mi mentor y amigo Brad Dean) anuncia una nueva versión de Walden, la tercera completa sólo en España. Y la editorial Impedimenta publicará la traducción de un libro-cómic francés que cuenta la vida del tío Henry en viñetas (hay otros cómics-biografía de Thoreau, como el de John Porcellino).

¿Es casualidad? Uno está tentado de señalar ciertas similitudes entre el tiempo de Thoreau y nuestra actualidad. Sin ir más lejos, las convulsiones bancarias que comentó mordazmente en su diario de 1857, marxtemáticamente precedidas por la de 1847 en Inglaterra y la de 1837 en EEUU (que pilló a Henry a punto de cumplir los veinte, en su último curso en Harvard; ese mismo año comenzó a escribir su diario a iniciativa de Emerson). O, más en general, la irrupción del telégrafo, que fue el correo electrónico del siglo XIX. O el ferrocarril, que provocó una globalización a pequeña escala dentro de la economía norteamericana. O la industrialización del norte y el esclavismo del sur, las migraciones, el positivismo científico,...

Más allá de las crisis, hay algo más que hace de Thoreau un perenne contemporáneo nuestro (o sea, un clásico; ya dijo Proust que al leer a Thoreau uno parece estar leyéndose a sí mismo). Acierta Damion Searls cuando anota que en la obra de este gran solitario “la comprensión más profunda y apasionada que encontramos en su escritura es la referida a los ámbitos de la conexión y la relación”. The infinite extent of our relations, para decirlo en Walden.

Y aún más. Creo que no nos cansamos de Thoreau porque no conseguimos aprehenderlo, y esto ocurre entre otras cosas porque nunca vamos a tener una traducción satisfactoria de su obra. Su capacidad de evocación (de relación) es infinita, y por eso traducir íntegramente a Thoreau es imposible; no se puede trasladar con fidelidad la obra de un autor tan apegado como él a su tierra, a su fauna y a su flora. Las plantas, el paisaje y sus vecinos animales no viajan bien de un continente a otro; ¡si aquí ni siquiera tenemos huckleberries!

Cuando salió la segunda versión de Walden escribí que, como se dice en ese libro, “una generación abandona las empresas de otra como naves varadas”. Lo mismo parece ocurrir con nuestros  acercamientos a Thoreau. Las sucesivas generaciones de editores de Thoreau se han aproximado a él desde presupuestos muy diversos y a menudo divergentes. Estas nuevas presentaciones me lo confirman.

Un traductor ha vertido indian summer por "veranillo de San Martín". ¡Aleluya! Antes otros se tomaron la libertad de hacerlo por "verano indio", lo que además de no tener sentido en castellano demuestra muy poco respeto por el original. Pero ese mismo traductor ha traducido sistemáticamente pond por “estanque”, y eso me parece un disparate. Walden es un pequeño lago de origen glacial, completamente natural en su origen, mientras que un estanque es (dice la RAE) una “balsa construida para recoger el agua con fines utilitarios o meramente ornamentales”. Walden y sus hermanas de Lincoln y Concord (Goose, White, Flint,... todas las que menciona en el Diario) no son construcciones, sino lagunas (según la RAE: "depósito natural de agua, generalmente dulce y de menores dimensiones que el lago"). 

No son malas noticias. Esto quiere decir que seguiremos leyendo y traduciendo a Thoreau durante mucho tiempo. Ya lo dijo en Walden: “La volátil verdad de nuestras palabras debería mostrar continuamente la inadecuación del resto del enunciado. Su verdad es traducida de inmediato y sólo queda su monumento literal.” Suena místico pero es así: a Thoreau sólo se le entiende de verdad fuera de la página, a ser posible caminando por el bosque. Es un escritor que te empuja a ir más allá de la escritura y los libros, pero no sin los libros (véase el capítulo de Walden dedicado a la lectura para comprobar hasta qué punto los amaba).

Thoreau recomendaba, sí, leer los clásicos y hacerlo a ser posible en su lengua original. Pero lo hacía por su insaciable ansia de relación y contacto con la realidad, de ir a las cosas mismas, por misteriosas que sean. Ese ansia es permanente y universal, y en ella reside buena parte del atractivo de Thoreau. Porque no nos engañemos: ese problema con la traducción también lo tenían sus vecinos y coetaneos, que tan poco le entendieron, o cualquier otro lector que lea sus textos en inglés, expuesto al mismo engaño que el español si confía demasiado en los libros. Porque pond, sobre el diccionario, también recoge esa acepción de estanque, que puede ser legítima en ciertos contextos, pero no en el de Thoreau, como comprobará inmediatamente cualquier persona que visite Walden Pond.

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