Imago lacus

The picture above was taken by a dear friend, the American poet Debra Kang Dean (please do not use it without permission). I met Debra three years before, when I went to Walden to work with his late husband Brad, a great Thoreau scholar. Once we spent hours tracking this quotation: "Some men go fishing all their lives without ever realizing it's not fish they are after." We concluded that Thoreau never wrote it, but si non è vero...

Wednesday, February 25, 2015

La (re)vuelta (eco)lógica de Jorge Riechmann

Cada nuevo libro de Jorge Riechmann es una buena noticia, pero el último es un placer de lectura de principio a fin. Estos días se ha convertido en mi pequeña enciclopedia nocturna, plena de datos y lucidez a la hora de interpretarlos. Tan pronto te cita un científico como un poeta como un activista. Y qué bien vierte al castellano términos que por pereza nos hemos acostumbrado a usar en inglés (“peak oil”)

Autoconstrucción (La transformación cultural que necesitamos, Madrid, Libros de la catarata, 2015) contiene, además, el acierto de plantear temas ya conocidos para los lectores de Jorge pero en términos que a mí me parecen más positivos. Recurre para ello al Gran Motivador de la conducta humana: la cultura, un factor al que quizá el movimiento ecologista no haya prestado toda la atención que debiera. Pues no se trata sólo de “percatarse del límite” (taru wo shiru, expresión japonesa que acabo de aprender en la p. 274), sino también de transformar(se) a partir de ese conocimiento. Así termina el libro: “Has de vivir de otra manera. He de vivir de otra manera. Hemos de vivir de otra manera.” Y hacerlo sin incurrir en la autoayuda fácil, sin un ápice de autocomplacencia (comienza reconociendo que ya es tarde, pero aún así y todo no ceja ni nos deja cejar en el esfuerzo).

Comparto aquí otro descubrimiento del libro, fundamental a mi juicio para entender la obra de Jorge y la transformación que nos propone (de la paranoia a la metanoia, por así decirlo). Estas palabras de Alain Badiou:

Hay, toscamente, dos tendencias principales [en la vieja discusión sobre la verdadera naturaleza de la filosofía. JR]. Para la primera, la filosofía es esencialmente un conocimiento reflexivo. El conocimiento de la verdad en los ámbitos teoréticos, el conocimiento de los valores en los ámbitos prácticos. Y la forma apropiada de la filosofía es la de una escuela. El filósofo es un profesor, como Kant, Hegel, Husserl, Heidegger y tantos otros, incluyéndome a mí, cuando ustedes me llaman bajo el nombre de “Profesor Badiou”.



La segunda posibilidad es que la filosofía no sea realmente un conocimiento, ni teorético ni práctico. Estriba en la transformación directa de un sujeto, es un modo de conversión radical, un cambio completo de vida. Y, consecuentemente, se encuentra muy cerca de la religión, pero exclusivamente a través de medios racionales; muy cerca del amor, pero sin el violento soporte del deseo; muy cerca del compromiso político, pero sin la restricción de una organización centralizada; muy cerca de la potencia de la creación artística, pero sin los medios físicos del arte; muy cerca del conocimiento científico, pero sin el formalismo de las matemáticas y sin los medios empíricos y técnicos de la física. Para esta segunda tendencia, la filosofía no es necesariamente una cuestión de escuela, aprendizaje, transmisión y profesores. Es un envío libre dirigido desde nadie hacia todos. Como Sócrates hablando a los jóvenes en las calles de Atenas; como Descartes escribiendo cartas a la princesa Elizabeth; como Jean-Jacques Rousseau escribiendo sus confesiones; o las obras de Sartre; o como, si me disculpan el toque narcisista, mis propias novelas y obras. La diferencia es que la filosofía ya no es conocimiento, o conocimiento del conocimiento. Es una acción. Uno podría decir que lo que identifica a la filosofía no son las reglas de un discurso, sino la singularidad de un acto. Es este acto el que los enemigos de Sócrates llamaron “la corrupción de los jóvenes”. Y a causa de eso, como ustedes saben, Sócrates fue sentenciado a muerte. “Corromper a los jóvenes” no es, después de todo, un mal nombre para el acto filosófico. Si ustedes entienden adecuadamente el “corromper”. Aquí “corromper” significa enseñar la posibilidad de rechazar cualquier sumisión ciega a las opiniones establecidas. Corromper es dar a los jóvenes algunos medios para cambiar sus mentes acerca de todas las normas sociales; corromper es sustituir la imitación por la discusión y la crítica racional, e incluso, si la cuestión es una cuestión de principios, sustituir la obediencia por la revuelta. Pero esta revuelta no es ni espontánea ni agresiva considerando que es una consecuencia de principios y críticas racionales. En los poemas del gran poeta francés Arthur Rimbaud encontramos la extraña expresión: “Revueltas Lógicas”. Esa es probablemente una buena definición del acto filosófico.

2 comments:

  1. No he leído nada de Riechmann, no lo conocía. Tomo nota del libro y del autor. ¡Gracias por la recomendación y el descubrimiento!

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  2. De nada, Daniel, creo que te gustará. De hecho, cita alguna cosa de Thoreau (p. 230). Un cordial saludo.

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