Imago lacus

The picture above was taken by a dear friend, the American poet Debra Kang Dean (please do not use it without permission). I met Debra three years before, when I went to Walden to work with his late husband Brad, a great Thoreau scholar. Once we spent hours tracking this quotation: "Some men go fishing all their lives without ever realizing it's not fish they are after." We concluded that Thoreau never wrote it, but si non è vero...

Saturday, November 7, 2015

Leer con niños

Aunque se note poco aquí en el blog, no por menos escribir he dejado de leer. Estos días estoy  aprovechando cada resquicio para entrar y salir en este Leer con niños, el libro de culto de Santiago Alba Rico que acaba de ser reeditado por una casa grande, Random House. Mientras avanzo en la lectura voy dejando tuits como las migas de pan de Pulgarcito.



Hay que leerlo entero para entender cabalmente el párrafo que voy a copiar, pero puede funcionar como resumen del libro. Cojan aire porque va de un tirón:

A Don Quijote no le volvieron loco los libros sino el hecho de no haber empezado fuera de ellos y de no haber salido nunca de ellos. Hay en nuestros días algo quijotesco, sí, en la defensa elitista en el pasillo de la literatura y sus tesoros como ámbito cerrado de reproducción endogámica: nos apetece, claro, leer un libro que nos haga leer otros libros y, llegado el caso, escribir uno nuevo, pero el fracaso melancólico de este esfuerzo, en medio de los bombardeos y los gags, no hace sino evidenciar la fragilidad y dependencia de su autonomía. Nos apetece también leer un libro que mantenga a raya a los enemigos, que nos dé tiempo para frenar el tiempo de los solteros, que contenga tanta realidad y tan insoportable que nos ponga en acción, pero de nada sirve lanzarse al camino si no tenemos compañeros. ¿Para qué sirven los libros? A los casados para reafirmar sus compromisos. ¿Para qué sirven los libros? A los solteros para disolver con más placer sus ataduras. Los libros no son ni fábricas de solteros ni fábricas de casados y de nada vale por tanto ni quemarlos (como hacen el cura y el barbero en el capítulo VI del Quijote) ni protegerlos, como a osos polares o derrotados apaches, en las reservas de nuestras escuelas, nuestras bibliotecas y nuestros ministerios de Cultura. Los cuarenta mil títulos nuevos cada año --sólo en España-- son perfectamente compatibles con nuestra cordura nihilista, alimentada por el mismo sistema que engrasa nuestras imprentas. Para salvar los libros, como para salvar a sus lectores, se trata menos de leer que de restablecer el tiempo del relato: el del cuidado de los niños, el de la atención, la memoria y la espera. Para salvar los libros, como para salvar a sus lectores, se trata menos de relatar que de restablecer desde fuera la diferencia entre el orden del Relato y el orden de la Realidad, de reordenar ininterrumpidamente la frontera, borrada materialmente por la repetición indiscernible de la guerra y la mercancía, entre la realidad y a ficción. La demarcación y mantenimiento de esa frontera, dentro y fuera del libro, sólo puede ser una obra colectiva, como sólo colectivamente se puede construir una ciudad o apagar un gran incendio. Entonces la lectura, como en la bella metáfora de Penélope, será también una acción y la acción, a su vez, nos enseñará también a leer. Entonces los lectores y los actores podrán alternarse en las trincheras para mantener siempre encendidas las calderas y contagiar, extender y conservar la manía social de las naranjas, el vicio común de las luciérnagas, la blasfemia colectiva de la memoria, el escándalo público de la piedad, la locura compartida --en fin-- que llamamos realidad.

Santiago Alba Rico
Leer con niños (Mondadori, 2015), 252-3

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