Imago lacus

The picture above was taken by a dear friend, the American poet Debra Kang Dean (please do not use it without permission). I met Debra three years before, when I went to Walden to work with his late husband Brad, a great Thoreau scholar. Once we spent hours tracking this quotation: "Some men go fishing all their lives without ever realizing it's not fish they are after." We concluded that Thoreau never wrote it, but si non è vero...

Saturday, February 20, 2016

Algo parecido a una boda

Yo de pájaros, la verdad, no sé gran cosa. En la universidad me dedico a la ética, no a la etología; me interesan más los humanos que las aves. Pero he advertido que los humanos a quienes interesan las aves son peculiares, tienen algunas características interesantes para la ética. No quiero decir que sean mejores personas, pero sí suelen ser atentas y muy observadoras. Thoreau es un buen ejemplo. Mi amigo José Ignacio Foronda, otro. Cuando leí sus Días bajo el cielo pensé: kontxo, pero si aquí al lado hay un tipo que está haciendo lo mismo que Thoreau: describir la vida del pueblo como no pueden hacerlo sus habitantes, un poco desde fuera, relatando lo que ve en sus caminatas como si fuera un explorador o un extraterrestre, con esa extrañeza que sólo un poeta sabe transmitir.

Escribí una reseña del libro y, como suele ocurrir, el autor se manifestó. Una cosa llevo a la otra, han pasado cuatro años y ya tenemos otro en la calle: Volar, la edición de las aves de Thoreau que hemos perpetrado José Ignacio y yo para Pepitas de calabaza. Parece que fue ayer cuando nos dijimos: “este libro lo sacamos en 2013”. Diría que la espera ha merecido la pena, si no fuera porque no hemos tenido que esperar nada --el libro ha dado más trabajo de lo esperado, lo acabamos de terminar-- y tampoco hemos tenido penalidad alguna en el camino. Sólo muchos pájaros, de todo tipo. En Volar hay mucho cielo y muchos azulejos, y aunque no están todos los que son, los que están son memorables. No se nos quedó fuera el fragmento en el que Thoreau dice que este pájaro primaveral lleva el cielo a sus espaldas, pero tampoco faltan pasajes otoñales, estivales, invernales y documentales (de la BBC).

No pongo más fotos para no dar envidia, pero lo de hoy en Logroño no ha sido una presentación, ha sido algo semejante a una boda. En duración pero también en emoción y colorido: el Bretón se llenó con familia, amistades y perfectos desconocidos; oficiaba Colo, el padrino era el tío Henry, que prometió venir pero se entretuvo por el camino, también faltó Julián (los peligros de la paternidad), pero Víctor trajo los libros y las arras, y recordamos el pasaje de El señor de los anillos que describe la Tierra Sin Pájaros; Eduardo Jordá estuvo presente en su traducción, en el palmarés del premio Café Bretón & Bodegas Olarra y en las cálidas palabras que le dedicó José Ignacio, la Thoreau Society en el logo de mi camisa, Thoreau en sus pájaros. Leímos seis del libro, intercalando explicaciones diversas e ilustraciones de Audubon. El público aplaudió al final intuyendo que era el final --no había regidor que indicase a la gente cuando aplaudir--, y ese climax nos confirmó que la selección es de antología. Solo fallamos en una cosa: se nos pasó dar la palabra al público, tan ansiosos estábamos por no alargarnos demasiado.

Vino gente estupenda, incluido un profe de arquitectura (a quien no pude contarle lo de la casa de Gropius en los alrededores de Walden) y un niño que no ha cumplido aún el mes de vida; se llama Leonardo y le deseamos muchos pájaros buenos (zori-onak en euskera, dicen) de parte de todos los que hemos tenido parte en este libro. El arte ya lo puso Thoreau. Salvo Leonardo, que asistió tumbado y fue el único que se quedó dormido, el público se sentó alrededor de unas mesas en las que los amigos de la Calabaza colocaron abundancia de canapés y botellas de crianza. Eso yo no lo había visto en ninguna presentación, y he estado en unas cuantas (pero nunca antes en La Rioja, es cierto). En previsión de la noche de bodas, los novios no probaron el vino, pero nunca regreso de Logroño con las manos vacías. Traigo regalos de boda: más libros de Pepitas y un fanzine local que no conocía, Mangolele, “la revista semianual de análisis del percal”.

Mañana pongo aquí algunos poemas de Mangolele, vienen como anillo al dedo.


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