Imago lacus

The picture above was taken by a dear friend, the American poet Debra Kang Dean (please do not use it without permission). I met Debra three years before, when I went to Walden to work with his late husband Brad, a great Thoreau scholar. Once we spent hours tracking this quotation: "Some men go fishing all their lives without ever realizing it's not fish they are after." We concluded that Thoreau never wrote it, but si non è vero...

Wednesday, October 26, 2016

Walden no se acaba nunca

Estoy leyendo un libro contra el fin del mundo, la Filosofía inacabada de Marina Garcés. Y me está estimulando como pocos, tal vez porque en él habla una voz nueva para mí en el panorama filosófico en español, pero que al mismo tiempo me es muy cercana por dos razones. Una es biográfica: comenzamos a estudiar filosofía en la misma época. La segunda es que me interesan todas sus fuentes, desde Nietzsche a Agamben pasando por lo mejor de la filosofía del s. XX, y todo precedido por una cita de Thoreau, la misma que él eligió para el pórtico de Walden. La traduzco aquí:

 No pretendo escribir una oda a la depresión, sino jactarme sobre mi percha como gallo por la mañana, aunque sólo despierte a mis vecinos.

No hay más referencias a Thoreau en el libro, pero mucho de lo que en él se dice se podría aplicar a su obra. ¿Qué es Walden, sino un intento de recrear e inacabar el mundo, aunque sólo fuera el pequeño mundo de Concord con sus calles, granjas, bosques y lagunas? Thoreau parte de una concepción terapéutica del pensamiento, como dice Garcés que dice Foucault de Nietzsche (“toda su vida fue una búsqueda del médico”, dijo un contemporáneo de Henry), pero también va más allá. Traduzco otro fragmento, esta vez del diario:

Cambia tu salvación por un vaso de agua: si tienes algún riesgo que correr, arriésgate. Si no tienes ninguno, disfruta de la confianza. No te preocupes por ser religioso, nadie te lo agradecerá. Si sabes clavar y tienes clavos, pues clávalos. Si tienes algún experimento que te gustaría emprender, hazlo, ahora es tu momento. No te sumerjas en las dudas si no te son gratas. Mándalas a la taberna. No comas si no tienes hambre, no te hace falta. No leas los periódicos. Aprovecha cada oportunidad para entregarte a la melancolía. Sé tan melancólico como puedas y anota el resultado: regocíjate en el destino. En cuanto a la salud, date por sano y dedícate a tus asuntos. ¿Quién sabe si no estás ya muerto? Que el miedo no te detenga: hay cosas más terribles a la vuelta de la esquina y siempre las habrá. La gente muere de miedo pero vive de confianza. (16 de julio de 1850)

Cuando Thoreau escribió eso Nietzsche aún gastaba pantalón corto; luego hablaría del amor fati, de ese abrazar el propio destino que Thoreau ya anuncia aquí. Más agua y menos religión (que también hace su buen uso del agua). Más melancolía y menos depresión, porque la situación actual del mundo es todo lo melancólica que puede ser, pero la depresión nos inmoviliza. Porque, ante todo, Thoreau practica lo que predica: una confianza que no descansa en ninguna instancia superior, en ninguna expectativa o promesa, ni menos aún en una pretensión de la superioridad de lo humano como fuente de sentido. En los albores del tiempo “del fin de las esperanzas de la humanidad en el desarrollo como base del progreso ético y político” (p. 119), Thoreau crea sentido no tanto en la soledad (ese mito) como en un poder hacer que es en común, como dice Garcés (p. 113), que no está restringido a lo humano y que persigue la unidad del conocimiento (la consilience de Wilson, otro lector de Thoreau) o al menos se atreve a traspasar (trespass) las cercas que dividen los diferentes campos disciplinarios en busca de una alianza de saberes.

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