Imago lacus

The picture above was taken by a dear friend, the American poet Debra Kang Dean (please do not use it without permission). I met Debra three years before, when I went to Walden to work with his late husband Brad, a great Thoreau scholar. Once we spent hours tracking this quotation: "Some men go fishing all their lives without ever realizing it's not fish they are after." We concluded that Thoreau never wrote it, but si non è vero...

Saturday, November 5, 2016

La filosofía como confianza (y Thoreau como filósofo)

Aunque hoy Thoreau tiene su entrada en la Stanford Encyclopedia of Philosophy, eso no quiere decir que América sepa aún qué hacer con él. De hecho, la entrada concluye por un lado lamentando que su obra se haya mantenido aparte del canon, y por el otro constatando que esta interesa cada vez más a la comunidad filosófica. En cierto sentido, ese apartamiento es lógico: Thoreau nunca fue ni pretendió ser un filósofo académico. Sí lo fue Emerson, su maestro y mentor, al menos hasta que dejó de dar clases en Harvard para convertirse en algo que hoy llamaríamos un intelectual. Thoreau lo intentó al menos una vez, pero pronto abandonó la idea de ganarse la vida únicamente de sus libros y conferencias, como hacía Emerson.

Lo que sí fue Thoreau fue un escritor. De hecho, de la lista de profesiones que entregó a Harvard (“maestro de escuela, tutor privado, agrimensor, jardinero, granjero, pintor de brocha gorda, carpintero, albañil, jornalero, fabricante de lápices y papel de lija, escritor y poetastro ocasional”), sin lugar a dudas la de escritor fue a la que dedicó más tiempo y en la que más se implicó personalmente. Ahora bien, aunque Thoreau no fuera un profesor de filosofía, como aspiración sí fue un verdadero filósofo. Sólo que para él la filosofía no es una doctrina, sino una actividad. Thoreau no tuvo ninguna necesidad de generar teoría, de producir un sistema de pensamiento más o menos coherente o sistemático. No hay una teoría Thoreau.

¿Y en qué consiste esa actividad? Thoreau lo explica en un conocido pasaje de Walden que traduzco: “Hoy día hay profesores de filosofía, pero no filósofos. Sin embargo, es admirable profesarla porque una vez fue admirable vivirla. Ser un filósofo no es sólo tener pensamientos sutiles, ni siquiera fundar una escuela, sino amar la sabiduría hasta el punto de vivir según sus dictados: una vida de sencillez, independencia, magnanimidad y confianza. Es resolver ciertos problemas de la vida, no sólo en la teoría, sino en la práctica.”

There are nowadays professors of philosophy, but not philosophers. Yet it is admirable to profess because it was once admirable to live. To be a philosopher is not merely to have subtle thoughts, nor even to found a school, but so to love wisdom as to live according to its dictates, a life of simplicity, independence, magnanimity, and trust. It is to solve some of the problems of life, not only theoretically, but practically.

Lo traduzco con el original debajo porque me parece que mis predecesores se han dejado algunos matices en las versiones anteriores. La publicada por Cátedra dice “amar la sabiduría y vivir de acuerdo con sus dictados una vida de sencillez, independencia, magnanimidad y confianza.” Pero no es amar y vivir, sino que en el original Thoreau establece una relación entre ambas: se vive según esos dictados porque se ama la sabiduría. Y la versión de Errata Naturae es aún más confusa: “amar la sabiduría tanto como la vida que está de acuerdo con sus dictados: una vida de simplicidad, independencia, magnanimidad y confianza.” Y tampoco es eso, porque Thoreau no dice que el filósofo ame tanto la sabiduría tanto como la vida.

Al margen de esos matices, me parece importante recordar que las cuatro virtudes de Thoreau --sencillez, independencia, magnanimidad y confianza-- están interconectadas, al menos tal como entiendo la filosofía.  “La filosofía es la confianza en que el pensamiento puede transformar la vida y hacerla mejor,” escribe Marina Garcés en Fuera de clase (Galaxia Gutenberg, 2016). Si esto es así, ahí están las  cuatro virtudes de Thoreau, porque ser filósofo o filósofa es confiar en el pensamiento, en la capacidad de pensar por y para sí mismo, y así hacer sencillo lo que es complicado, abordar empresas difíciles con grandeza de ánimo, y hacerlo con otras personas: porque esa confianza de la que habla Thoreau requiere, como escribió en su diario (31/1/1852) “tener una fe infinita en el otro; y si no la tenemos no dejar nunca que se sepa”. (“We must have infinite faith in each other, if we have not we must never let it leak out that we have not.”)

Como he dicho en otro lugar, la sencillez de Thoreau no consiste meramente en reducir el número de tus asuntos. Es más bien una forma de contemplación o meditación, un hacer no-haciendo, como cuando relata en Walden que se sentaba en el umbral de su casa a tomar el sol y “crecía como crece el maíz por la noche”.

1 comment:

  1. Si tuviese que definirlo con una sola palabra, yo también diría que Thoreau fue, sobre todo, un escritor. Aunque no resulta sencillo clasificarlo ya que fue muy polifacético: filósofo, pensador, conferenciante político, agrimensor, naturalista...

    Esta última faceta suya, la de naturalista, diría que es la menos conocida por el gran público. Pero hasta en esto resulta complicado clasificarlo, no es un naturalista al uso. Thoreau es capaz de estar describiéndonos el canto de las ranas al anochecer junto a su casa o hablarnos del ciclo vital de las polillas sin dejar de hacer filosofía.

    La filosofía como confianza es una idea poderosa, aunque la apuesta por la filosofía tiene también sus riesgos: nadie nos garantiza que nuestra confianza esté justificada.

    ReplyDelete