Imago lacus

The picture above was taken by a dear friend, the American poet Debra Kang Dean (please do not use it without permission). I met Debra three years before, when I went to Walden to work with his late husband Brad, a great Thoreau scholar. Once we spent hours tracking this quotation: "Some men go fishing all their lives without ever realizing it's not fish they are after." We concluded that Thoreau never wrote it, but si non è vero...

Sunday, October 29, 2017

Thoreau y Cataluña: ¿qué diría Henry?

No quiero incurrir en anacronismos, pero me han hecho la pregunta y esto es lo que puedo responder. Sabemos que Henry David Thoreau pasó en la cárcel del condado, sita en Concord (Massachusetts), la noche del veintitrés o veinticuatro de julio de 1846. Se había negado a pagar su poll tax en protesta por la guerra con México, pero fue liberado cuando alguien pagó el impuesto por él (probablemente su tía Maria).

El 26 de julio, A. B. Alcott (el padre de Louisa May, la autora de Mujercitas) escribió en su diario que estuvo charlando con su amigo acerca de eso, y el propio Thoreau presentó su posición en dos conferencias en enero y febrero de 1848, cuyo texto no se conserva. Pero hay razones para pensar que lo dicho entonces se recoge con pocos cambios en “Resistance to Civil Government”, el texto que Thoreau publicó en 1849 y que apareció bajo el título de “Civil Disobedience” en 1866.

No obstante, algo se perdió por el camino. El trece de febrero de 1848, Alcott y Thoreau mantuvieron una conversación sobre asuntos de estado en casa de Emerson. Thoreau se encontraba en esas fechas preparando su segunda conferencia para el Liceo y Alcott anotó en su diario que entre otras cosas Thoreau “quería decir algo sobre el caso de Rhode Island”. ¿Qué caso era ese? Lo he contado en otro lugar pero lo traigo aquí de nuevo porque ilustra la clase de cuestiones que Thoreau tenía en mente al sentarse para escribir lo que con el tiempo se convertiría en el ensayo sobre la desobediencia civil.

Rhode Island es un pequeño estado de Nueva Inglaterra que fue el escenario de un polémico caso judicial a propósito de la reforma de su Constitución. La ley fundamental del estado se remontaba a la carta colonial de 1663. Dado su anacronismo, se intentó modificar la carta mediante el procedimiento instituido, pero los reformadores no tuvieron éxito, así que su líder (Thomas Dorr, un abogado de clase alta) convocó una asamblea constituyente en 1841 con el objeto de redactar una nueva Constitución. El gobierno hizo otro tanto. En el subsiguiente referéndum salió elegida la versión de Dorr, pero su partido no pudo tomar el poder. Hacia finales de 1842, los votantes aprobaron otra Constitución tan liberal como la de Dorr, con lo que la crispación se redujo considerablemente, pero un seguidor de Dorr, Martin Luther, denunció a un tal Luther M. Borden y a otros milicianos estatales por allanamiento de morada cuando cumplían la ley marcial impuesta por el gobierno establecido. Esta acción judicial planteaba la cuestión de cuál de los dos documentos, la vieja carta o la Constitución de Dorr, era más legítimo, y el caso alcanzó el tribunal supremo en enero de 1848. Daniel Webster abogó en defensa de Borden y del gobierno establecido.

En 1849 el Tribunal Supremo falló el caso Luther vs Borden a favor de la posición de Webster, pero las sesiones se mantuvieron durante 1848, justo cuando Thoreau tenía el borrador de su texto aún por publicar. Y sin duda tenía el caso en mente cuando dedicó sus párrafos finales a criticar a Webster, sin por ello dejar de reconocer sus méritos como jurista y orador. Pero Thoreau es un filósofo y lo que dice sobre Webster transciende el caso de Rhode Island y puede aplicarse a otros: “Estadistas y legisladores, al estar tan completamente integrados en las instituciones, nunca las ven de un modo claro y distinto. Hablan de movilizar la sociedad, pero carecen de punto de apoyo fuera de ella. Pueden ser hombres de cierta experiencia y discernimiento, y sin duda han inventado sistemas ingeniosos e incluso útiles, por los cuales sinceramente les damos las gracias; pero toda su utilidad y buen juicio se mueven dentro de ciertos límites no muy amplios. Tienden a olvidar que el mundo no está gobernado por la política y la conveniencia. Webster nunca va más allá del gobierno y por eso no puede hablar de él con autoridad. Sus palabras son prudentes para aquellos legisladores que no contemplan ninguna reforma esencial en el gobierno existente; mas para los pensadores, y para quienes legislan para todo tiempo, no da en el clavo ni una sola vez.”

Cuando se trata de hacer reformas esenciales, dice Thoreau, hay que fijarse en el origen de la legitimidad y no sólo en la conveniencia dentro del marco legal: “Aquéllos que no conocen fuentes más puras de verdad, quienes no han rastreado su curso a más altura, están —y están prudentemente— con la Biblia y con la Constitución, y beben de ellas con reverencia y humildad; pero aquéllos que contemplan de dónde gotea el agua a este lago o a ese estanque, se ciñen los lomos una vez más y continúan su peregrinación hacia el manantial.”

¿Cuál es el manantial? Una soberanía individual consciente de que, como se dice en Walden, “actuar colectivamente responde al espíritu de nuestras instituciones”. Así, al final del ensayo Thoreau habla del respeto a los derechos humanos, y de corregir el “verboso ingenio de los legisladores del Congreso” mediante “la oportuna experiencia y las quejas efectivas del pueblo”.

Eso es lo que, pienso, diría Thoreau sobre Cataluña: lo mismo que escribió entre 1846 y 1849. Lo que haría también lo podemos imaginar, y seguramente también lo podremos practicar.

Imagen: @edulartzanguren

1 comment:

  1. Parece que Thoreau está contraponiendo la ley del gobierno a la ley de la naturaleza. Lo que critica de los gobernantes no es que apliquen esta o aquella ley, sino que no sepan ver más allá de las leyes establecidas por los hombres (y mujeres) en cada momento, ni muestren más interés por justificar la aplicación de sus leyes que no sea el apoyo de la sociedad. En definitiva, aplicado al caso de Cataluña, es una crítica a ambos gobiernos (o así lo entiendo yo).

    El mejor gobierno es el que no se necesita...

    Una pregunta que me he hecho estos días es cómo debemos interpretar la llamada a la resistencia pacífica o a la desobediencia civil hecha desde el gobierno. ¿Puede un gobernante llamar a la desobediencia civil de la sociedad? ¿No es esto una perversión de la desobediencia civil tal como la practicó Thoreau? La situación es moralmente tanto más dudosa cuando los gobernantes son los primeros en tratar de eludir las responsabilidades legales de sus propias acciones mientras piden que sus gobernados desobezcan y asuman todas las consecuencias.

    Veo algo inmoral en todo esto, una perversión de la desobediencia.

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