Imago lacus

The picture above was taken by a dear friend, the American poet Debra Kang Dean (please do not use it without permission). I met Debra three years before, when I went to Walden to work with his late husband Brad, a great Thoreau scholar. Once we spent hours tracking this quotation: "Some men go fishing all their lives without ever realizing it's not fish they are after." We concluded that Thoreau never wrote it, but si non è vero...

Thursday, November 23, 2017

Literaktum 17 (una transcripción parcial)

Arratsaldeon, eta eskerrik asko Literaktum jaialdiaren baitan saio honetara etortzeagatik. Saioa gaztelaniaz egingo dugu baina euskaraz hitz egin nahi baduzue, lasai bota eta itzuliko dizuegu.

Buenas tardes y bienvenidas a esta sesión del festival Literaktum en la que vamos a escuchar y a conversar con Sergio del Molino e Iván Repila. Quisiera agradecer a Donostia Kultura, en particular a Iñaki Gabarain y Arantxa Arzamendi, esta oportunidad de reunir a dos escritores tan interesantes y además de hacerlo en torno al tema con el que, a iniciativa de Iñaki, hemos titulado esta sesión.

Hijos de Walden. Como saben, este año se han cumplido dos siglos del nacimiento de Henry D. Thoreau, el escritor que relató en Walden su estancia de dos años en una cabaña a orillas de ese lago. Su vida y obra se han convertido en icono para diferentes movimientos que confluyen en lo que se ha dado en llamar neorruralismo, una corriente cada vez más visible en el panorama literario actual en castellano. Por mencionar dos editoriales que no están en la mesa, bastaría con hojear el catálogo de Errata Naturae o de Pepitas de Calabaza.

Contra lo que cabría esperar de esta sesión, encuadrada en el ciclo utópico del festival, Walden es lo contrario de una utopía: no sólo tiene un lugar (el Walden uno, publicado por Thoreau en 1854) sino varios, porque hay otros Walden: el dos de Skinner, el tres del psicólogo colombiano Rubén Ardila, el siete de Barcelona (Ricardo Bofill, aludido humorísticamente en El amante bilingüe de Marsé) y el ocho de Donostia (el kiosco de la Rosi, ahora al mando de Iñaki Albisu).

Naturalmente, Walden tiene relación con la literatura utópica y los movimientos emancipatorios del siglo XIX y XX y XXI. Thoreau publicó su ensayo sobre la desobediencia civil un año después de que Marx y Engels hicieran lo propio con el Manifiesto comunista. Esta sesión se encuentra pues enmarcada dentro de los temas del Literaktum de este año, el del pensamiento utópico, y por eso la hemos titulado Hijos de Walden, así indefinido, no porque Iván o Sergio lo sean especialmente, que ya veremos, sino porque todos lo somos un poco, en la medida en que esa idea del retiro campestre está inscrita en nuestra cultura.

Nuestros dos invitados son prácticamente de la misma edad y son ambos, además de escritores con una trayectoria bien sólida, algo así como trabajadores de la cultural. Como, dicho sea de paso, también lo fue el propio Thoreau, que escribía en revistas y organizaba actos culturales en su pueblo.

Iván Repila (Bilbao 1978) es escritor, editor y gestor cultural. Además de artículos y relatos, es autor de novelas como Una comedia canalla (Libros del Silencio, 2012); El niño que robó el caballo de Atila (Libros del Silencio, 2013; Seix Barral 2017), traducida a 8 idiomas; y la más reciente, Prólogo para una guerra (Seix Barral, 2017).

Sergio del Molino (Madrid, 1979) es escritor y periodista, autor de por lo menos 7 novelas entre las que destaca La hora violeta, por la que recibió en 2013 el Premio Ojo Crítico de Narrativa, y que también ha sido traducida a varios idiomas. Su última novela es La mirada de los peces y el año pasado publicó un ensayo, La España vacía, por el que ha recibido el Premio de los Libreros de Madrid.

Seguramente buena parte de ustedes están aquí por ese libro, al menos si se enteraron por la entrevista publicada ayer en el DV. Pero también hablamos de las novelas de Iván y Sergio, y de hecho el objetivo es centrarnos en lo que comparten estos dos autores en ese territorio abierto por Thoreau en Walden: un territorio marcado por la tensión entre la soledad y la comunidad, las condiciones materiales de la vida y la desesperación o el malestar en la cultura, la tensión entre lo contemporáneo y lo arcaico.

La muerte y la supervivencia son temas presentes en la obra de ambos, y esa es otra característica que comparten. Cierta intensidad y ambición de ir a por los grandes temas. No sé si os veis en la descripción, pero antes quería volver a lo del neorruralismo. Cómo os veis en la etiqueta; mi hipótesis (nada original) es que tiene su arraigo en los hijos del éxodo rural (bueno, yo soy uno de ellos y supongo que vosotros en parte también), tal vez por el efecto "vacaciones en el pueblo". Sergio habla de esto en unas páginas de La España vacía.

En una primera lectura me pareció que a Sergio le animaba la intención de salvar lo que haya de salvable de este desesperante país, ocupado desde hace siglos en aniquilarse a sí mismo sin conseguirlo. De encontrar razones para cierta confianza en un panorama, que como dice en las últimas páginas, ya empezaba a ser especialmente convulso. Pero siempre lo ha sido. En mitad del siglo XIX las noticias que llegaban a Thoreau sobre España tenían que ver con los temas de su libro, y por eso Thoreau ironiza sobre los periódicos, afirmando que para hablar de España basta con meter alguna corrida de toros, “intercalar a Don Carlos y a la Infanta, y tendrás una idea del ruinoso estado de cosas en España tan buena como la de los periódicos”.

Pero España no es sólo eso. También es la JAE y la Residencia de Estudiantes, o sea, la Institución Libre de Enseñanza y su “descubrimiento” del campo. Sergio habla del origen de la afición excursionista de Giner de los Ríos: “Venía de Alemania, donde se había empapado del romanticismo y de esa forma de nacionalismo que consiste en amar el país a través de la suela de los zapatos.” (135) De hecho, Thoreau opinaba lo mismo que Sergio: “el paisaje no está en lo contemplado sino en quien lo contempla. … Es el poeta quien inventa el paisaje y son los lectores, desde Madrid, quienes le dan el acabado mitológico que necesita.” (155)

Frente al deseo de volver que impregna la literatura de Proust (que leyó a Thoreau), la España vacía tiene grabado a fuego el deseo de huir del campo: “Gentes de paso, sin raíces, que surcan parajes extraños en busca de aventuras, nunca en busca del reconocimiento de sí mismos.” (190) Sergio encuentra en Valle Inclán “un arcaísmo estético absolutamente anclado en el presente”; y eso es algo que me parece también propio de los hijos de Walden. “Una forma de interpelar a lo contemporáneo subrayando todo lo que lo contemporáneo había destruido o quería destruir.” (203) De hecho, esa forma de interpelación me parece que está también en El niño que robó…, donde Iván enfatiza lo que podríamos llamar (siguiendo a Santiago Alba Rico en Ser o no ser un cuerpo), lo viscoso: el bosque, el humus, la tierra húmeda, la oscuridad del pozo, las bestias y la carne y su descomposición, todo aquello de lo que huimos desde el Gran Trauma.

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